Construir soledades | Arte en Asturias

Construir soledades

marzo 24, 2015 Sin comentarios »
Construir soledades

:: á. a. rodríguez

Imagino que ese ‘Obrero de la construcción’ que protagoniza una de las esculturas de Amancio González en su nueva exposición gijonesa es, probablemente, un autorretrato del artista. Comprometido con el oficio, la humildad y el diálogo con la materia, el leonés presenta en Cornión otro episodio de su particular evolución constructiva, donde año tras año ha evolucionado hacia esa personalidad que atesora, fuera de cualquier duda. Las figuras aisladas y atrapadas por Amancio se debaten entre la rebelión y la revelación, como alegorías de un modo de entender el arte que, en pleno siglo XXI, merece la pena defender.

Esquema dialéctico

En este sentido, son muy aclaratorias las palabras del profesor Roberto Castrillo, de la Universidad de León, en el catálogo. Dice que la composición de la obra de Amancio es un ejercio de proyección visual sobre el espacio caracterizado por la importancia del dibujo y las formas, en cuyo esquema dialéctico escenifican la búsqueda de relaciones. Amancio no presenta sus habituales maderas, solamente ofrece hierros y bronces, y en esa selección sus cualidades como dibujante se corroboran más que nunca, perfilando el aire, organizando líneas y perspectivas, apurando escorzos y dinamizando las figuras dentro de esas construcciones que maneja eficazmente.

Las obras son estructuras geométricas que posibilitan su misma existencia, como indica Castrillo, para sobrepasar el límite de la mera acción de reconocimiento y devenir en la escritura material de metáforas en torno a la complejidad existencial. «El vértigo físico experimentado por los protagonistas de las imágenes originales es reconvertido en vértigo existencial, en vacío silencioso de una figura solitaria situada en el extremo de un travesaño de madera que parece surgir de las entrañas de una pared fría», escribe.

Las esculturas de Amancio invitan al compromiso entre el presente y el respeto al pasado, bajo una apuesta estética ligada al ser humano como pretexto para armonizar continentes y contenidos. Metafísica, equilibrio y rigor, no exento de ironía (la exposición se titula ‘Poliedros irregulares’) bajo un cúmulo de sensaciones táctiles que incluyen sombras y oquedades casi primitivistas. En esa peculiar metodología de trabajo Amancio evidencia las energías y las tensiones entre el núcleo invisible de la obra y los impulsos que la mueven, como viene haciendo en las dos últimas décadas, a través piezas totémicas, silencios místicos, bellezas y congojas. Se mantiene el poso clásico de estos trabajos, pero se plantea una contemporaneidad bien entendida que huye del amaneramiento y la palabra fácil. Como el propio escultor suele afirmar, se trata de explorar la universalidad de la escultura, el mantenimiento de unas raíces capaces de fertilizar las coherencias.


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