De la memoria de la infancia | Arte en Asturias

De la memoria de la infancia

mayo 14, 2016 Sin comentarios »
De la memoria de la infancia

:: ángel a. rodríguez

Con una selección de obras sobre soportes diversos que ha realizado durenta el último año, Federico Granell (Cangas del Narcea, 1974) presentó ayer en la galería Gema Llamazares ‘La vida imaginada’, una nueva exposición de homenaje a la memoria. En Gijón, el artista asturiano muestra telas, tablas, papeles, cerámicas, vídeos e instalaciones escultóricas de fibra de vidrio que concentran su actitud reflexiva deteniéndose en la representación del silencio y la metafísica cotidiana.

Granell encontró en una librería de viejo un álbum alemán desprovisto de fotos y decidió inventarse la vida de una familia imaginaria, a partir de los escasos textos que incluían las páginas. Una vez más, en sus obras emerge el escritor de ceremonias de un tiempo detenido, un auténtico chamán que escudriña el aire tras el objetivo invisible de las composiciones que, en esta ocasión, priman la figura humana frente al paisaje, con personajes que levitan sobre fondos inquietantes y conjugan la austeridad, la perspectiva, la templanza, el espacio y el ritmo frenético del taller de Granell. Entre la huella y el paseo, el artista atesora imágenes que se lleva consigo planteando guiones con nuevos fotogramas pintados, analepsis que alteran la secuencia cronológica de las cosas para evadirse a través de interesantes juegos formales y de cierto ánimo narrativo, abierto a la fantasía colectiva.

‘Tempus fugit’

En el catálogo de esta exposición gijonesa Natalia Alonso Arduengo señala que el trabajo de Granell se vertebra sobre el ‘tempus fugit’ «siendo las iconogragas del reloj y la calavera su ‘memento mori’». Efectivamente, ese sentido de la muerte inunda en cada imagen, desde una suerte de realismo mágico reinterpretado y filtrado por otras pasiones. Se trata, como subraya Alonso Arduengo, de «evitar la irreversibilidad del olvido» y recuperar esas breves memorias de la infancia, siluetas sobre un espacio pictórico que activa el relato del artista, variando sus claves, jugando, conjugando, relatando, escondiendo y ocultando. Componiendo, en fin, una obra repleta de oficio, singular, no episódica, que se asienta en este ‘work in progress’ que le ha tenido ocupado durante un año. El resultado expresa la irreversible sensación de pintarse o representarse a uno mismo a través de estas historias compartidas. La madurez de Granell es un guiño a los creadores de la experiencia, más allá de cualquier dogma o amaneramiento póstumo.


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