Elogio de las sombras | Arte en Asturias

Elogio de las sombras

febrero 11, 2015 Sin comentarios »
Elogio de las sombras

:: á. a. rodríguez

En algunas culturas el aliado de la belleza es la luz, pero otras incorporan también la armonía de las sombras, configurando nuevos alimentos espirituales. Aprender a ‘mirar’ para ‘ver’ es la clave, por ejemplo, de muchos artistas y escritores japoneses, como Tanizaki en su conocido ‘Elogio de la sombra’, o Kawabata, al interpretar la pátina del tiempo;0 los evocadores instantes filmados por Mizoguchi, habitando penumbras, o los claroscuros de las estampas de Hokusai, para retener en la memoria otras identidades posibles.

Vienen a la cabeza estas nostalgias orientales admirando las obras de Melquíades Álvarez en la galería Gema Llamazares, titulada precisamente ‘Claroscuro’, donde los relieves y papeles del gijonés mantienen su esencialidad ejemplar, y las sombras se apoderan de las composiciones. No en vano, siempre ha sido un dibujante excepcional, desde aquellos años ochenta donde comenzó su apuesta por los paisajes revisitados a partir de la tradición moderna y sus búsquedas de la introspección en la naturaleza, conjugando mares, bosques, invernaderos, playas o jardines bajo su enorme versatilidad de recursos, paciencias y levedades. Dibujos que, a veces, se nutren de la ‘deconstrucción’ llenando el soporte de materia para extraerla después, en un viaje de ida y vuelta sobre sus propios métodos. Cuando su fuerza juvenil derivó al sosiego de la madurez, el artista hizo incursiones en el campo escultórico y siguió dibujando, y siguió pintando, y siguió constatando una poética innata que, ‘in crescendo’, desembocó incluso en el empleo de versos propios, escritos con las mismas armonías de sus telas, maderas o papeles. El trabajo diario, como continuo ejercicio de hacer y deshacer, comprender y descubrir, partiendo de rutinas cotidianas que conceden tanta importancia a su conjugación estética como a sus compromisos éticos.

Estas piezas recientes son deudoras del virtuosismo que Melquíades Álvarez ha atesorado tras casi cuarenta años en la brecha, pero están también ligadas a sus permanentes ensayos experimentales donde, ahora, incorpora técnicas novedosas. Así, advertimos que aquellas incisiones sobre madera que aportaba tímidamente en su última exposición en la misma sala hoy se apoderan del conjunto, ‘dibujando’ todas las tablas mediante cortes para albergar vacíos, símbolos de noches mágicas y de ese ‘sehnsucht’ neorromántico que patenta en cada envite. Anhelo, introspección, la experiencia del mundo como experiencia personal (tanto monta, monta tanto) y alegorías del despojamiento habitadas por realidades invisibles.

«A los setenta y tres años empecé a ser capaz de comprender cómo crecen las plantas y los árboles y la estructura de los pájaros, animales, insectos y peces» –escribió un Hokusai ya anciano–. «A este paso, para los ochenta años, espero haber progresado en este oficio, y a los noventa ser capaz de ver mejor cuál es el principio subyacente de las cosas». Imagino que Melquíades Álvarez compartirá las reflexiones del histórico pintor japonés, y estoy seguro de que le todavía quedan muchísimos años para seguir viajando al infinito mientras camina, en lo finito, por múltiples caminos, sin prisa pero sin pausa.


Elogio de las sombras

Artículos relaccionados

Deja un comentario

*Requerido