Encuentro con Arroyo, en AlNorte 2011 | Arte en Asturias

Encuentro con Arroyo, en AlNorte 2011

diciembre 16, 2011 Sin comentarios »

».8724596 Encuentro con Arroyo, en AlNorte 2011De cuando empezó a soñar con sus amigos y «coger el pasaporte para salir corriendo». De cuando solo dibujaba y no se había acercado nunca a un pincel. De cuando le fascinaba Modigliani y alargaba los cuellos de sus modelos. De sus tiempos en París paseando cada noche con un Giacometti que nunca supo que compartían el oficio del arte. De la beca que le llevó un año al Berlín Occidental «donde todo era luz, frente a la oscuridad del lado oriental», y donde recibió la noticia de la muerte de Franco, ejecutando una interpretación de ‘La ronda de noche’ de Rembrandt, a la que cambió las armas heroicas de los personajes por otras algo más «ridículas», además de añadir un crepúsculo y un alba en Madrid, a sabiendas de que su vida «iba a sufrir un antes y un después de ese momento» . De todo eso habló Eduardo Arroyo -lo hizo en la cuarta jornada de AlNorte, ante un aforo abarrotado en el Centro de Cultura Antiguo Instituto- y también de los siete años que estuvo en Italia y de los tiempos en que los creadores se juntaban en grupos, «para que uno aprendiera del otro».
Habló de cómo llegó a la pintura «de una manera totalmente fortuita». Él que se había pasado la vida dibujando, que en el Momtparnase en el que se hacían cuadros a seis manos, se teorizaba bajo la Luna y se había ganado la vida vendiendo caricaturas e ilustraciones a los periódicos, se vio un día solicitado por un galerista que le había logrado vender dos obritas. Y es que la estrella de la Semana de Arte Contemporáneo de Asturias que promueve EL COMERCIO, había logrado en el primer salón en el que colgó un cuadro causar auténtica sensación. «Eran tiempos de la abstracción lírica. En París la figuración había prácticamente desaparecido y al ser yo el único figurativo en esa cita causé sensación. Fui la revelación del momento».
Y así, casi sin haberlo soñado, poco a poco, Eduardo Arroyo empezó a pintar participando de la generación que renovó la pintura de los años sesenta, como advitió su presentador, director de AlNorte y crítico de arte de este periódico, Ángel Antonio Rodríguez. «Sin casi darme cuenta era miembro del grupo que negaba la abstracción lírica», recordó el pintor. Y hablaba Arroyo a una audiencia entregada en la que destacaban varios artistas. Pelayo Ortega, Bernardo Sanjurjo, Fernando Alba, Ramón Prendes, Carlota Álvarez y Mabel Lavandera, entre otros, siguieron con atención sus remembranzas que llegaron hasta su vuelta a España.
Ya muerto Franco, recibe la noticia de que le será devuelto el pasaporte. Pero él no quiere recuperarlo. «No sé en qué pensaba, probablemente en ser el último de Filipinas». Y es que Arroyo estaba tan comprometido con la causa que, «a diferencia de otros compañeros que lucharon mucho contra la dictadura de Franco, nunca quise vender siquiera una pequeña litografía en España. En esa España que no admitíamos», dijo, para explicar más tarde que la primera vez que puso a la venta su obra en su país, después de unos treinta años en Francia, lo hizo «humildemente, casi entrando por la puerta del servicio. Porque a mí me gusta mucho entrar por la puerta del servicio, sin hacer demasiado ruido».
Una vez en Madrid, aquel Eduardo Arroyo que llegaba de una Francia que le había puesto alfombra roja en el Pompidou no tuvo el recibimiento que esperaba. Tuvieron que pasar varios años para que su país le reconociera el mérito de su obra. Una obra que ahora está en los museos de todo el mundo y que hoy llega a Asturias. Una obra y una vida que se libraron como dijo ayer irónicamente «del movimiento (el glorioso movimiento nacional), pero también de la movida madrileña, que no sé cuál sería peor


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