Entre luces y viajes | Arte en Asturias

Entre luces y viajes

junio 27, 2016 Sin comentarios »
Entre luces y viajes

Pablo Armesto presenta dos exposiciones individuales en la sala de La Caridad (Asturias) y la galería Ármaga, de León

:: ángel a. rodríguez
Verano intenso para Pablo Armesto, que hoy inaugura en la sala cultural As Quintas de La Caridad su exposición individual ‘Con luz propia’, abierta hasta finales de julio. El artista asturiano también forma parte estos días de las colectivas ‘De luces mixtas’ y ‘Summer Show’ en Marlborough (Madrid y Barcelona, respectivamente) y presenta otra muestra individual con sus trabajos recientes en la galería Ármaga, de León.
Mantiene Armesto la impronta que le define en los últimos cinco años, con piezas de suelo y pared que compaginan la pintura, la escultura, los mestizajes y las nuevas tecnologías. Un proceso que ya inició hace más de una década y que dio un importante salto cualitativo con la obra ‘Secuencias 24’, seleccionada por Karin Ohlenschäger en 2008 para la muestra ‘Banquete:nodos y redes’ que organizó Laboral en Gijón y el centro ZKM de Karlsruhe, en Alemania. Esta pieza forma ahora parte de la exposición de As Quintas.
Ahí ya se percibía ese interés de Armesto por la luz evanescente, en los límites de lo intangible, que ha venido nutriéndose de nuevas mixturas de materiales (pigmentos, maderas, tintas, fibra óptica, ‘leds’, cristal, neopreno, metal,vinilos…) para expresar un ambiente emocional que se nutre de muchas raíces, entre otras, de su intimismo poético. Ahora, en trabajos como los que ofrece en la sala As Quintas en Asturias o la galería Armaga de León, Armesto sigue dialogando con el espectador a través de metáforas del lugar, hogares y homenajes que se enriquecen con cromatismos controlados digitalmente, penetrando los rincones del subconsciente.

Explorando
En sus montajes verticales (’Torres’, ‘Urbis’…) se conjugan negros, blancos y grises, mientras en los cuadros y dípticos apaisados, como ’Dual Grey’, la esencia plástica se nutre de la repitición de gestos recurrentes, guiños a la arquitectura, la ciudad, el paisaje o la atmósfera, mediante experiencias constructivas. Nostálgicos recuerdos a las tierras norteñas y destellos entendidos como generadores de sombras, explorando sinergías entre el todo y la nada de la mano de texturas sedosas, claroscuros y relieves que se conforman con la luminosidad que brota desde el interior.
En ese simbolismo permanente que plasman estas aventuras expositivas, Armesto establece nuevas dicotomías visuales sin desligarse de ese doble escenario que le ha atrapado en el último lustro, con la retrospección y la reflexión como compañeras de viaje (con permiso de Rocío Tuñón, pareja inseparable en tiempo y forma) y el diseño de eficientes montajes efímeros para cada proyecto. Acaso llegue ahora el momento de dar el salto hacia adelante, de la renovación de horizontes en otras metas posibles para viajar del ‘blanco roto’ a la ruptura de esquemas preconcebidos, acariciando nuevas notas de color que, en esta encrucijada, provoquen otras pautas.


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