Geografías ópticas | Arte en Asturias

Geografías ópticas

abril 16, 2013 Sin comentarios »
Geografías ópticas

(:: á. a. rodríguez)

La capacidad del ser humano para ‘rezar’ al espacio pictórico es infinita. John Berger suele decir que la belleza de las pinturas no reside en su contenido sino en esa luz mágica que persiste antes y después de nacer cada obra, ese lugar ‘invisible’ que los artistas están siempre intentando hacer, al margen de la abundancia o el exceso de sus distintas imágenes.

Creo que la pasión de Jack Davidson (Aberdeen, 1958) por las formas breves juega con esa idea, alternando colores complementarios e imágenes más o menos persistentes mediante la fusión del espacio y el tiempo, el orden y el desorden.

En la exposición individual que presenta la galería Guillermina Caicoya, Davidson plantea una geografía óptica donde prima la limpieza plástica. Los títulos de sus obras suman otras claves que nos acercan a sus acotaciones, reminiscencias de mundos reales, sensibles y abiertos.

Acotaciones

El artista escocés, licenciado en Bellas Artes por la Gray’s School of Art, Robert Gordon’s University de Aberdeen, vive y trabaja en Barcelona desde 2001. En su primera exposición en Asturias emplea geometrías dinámicas donde materia y forma superpuestas, expuestas, ocultas, emplean color en vez de palabras.

Decía Agnes Martin, definiendo su propio trabajo, que las pinturas «no están relacionadas con lo que se ve», insistiendo también en que se relacionan «con las cosas que son conocidas por la mente». Tales palabras podrían aplicarse a la obra de Davidson donde, igualmente, no se trata del ‘qué’ sino del ‘cómo’ o, si es posible, de fundir un ‘cómo’ inteligente con un ‘qué’ necesario, sugiriendo y aportando.

Se agradece, pues, la sencillez. Y se agradece también el respeto a cierta tradición constructiva. Analizando los resultados de una encuesta, el museólogo Jean-Christophe Ammann explicaba que, después de las vanguardias históricas, las tendencias predominantes en el mundo del arte se han basado en un sensacionalismo verdaderamente tedioso. que permita obtener conclusiones sobre las motivaciones que conducen a estas utopías. Parece que Davidson evita esos caminos. Y en esa encrucijada el aparente influjo pop de sus pinturas se fragmenta, se diluye, se evapora en favor de la mirada despojada para construir nuevos universos rítmicos.

Cada pieza es parte de un todo, en un excelente montaje de la galería ovetense. La energía de cada objeto no se pierde frente a la sinergia de cada concepto. Su batuta compositiva parte de una musicalidad geométrica y esencial, universo simbólico, intransferible, donde las imágenes son diagramas del mundo, filtrados por la íntima experiencia.


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