Habitar con otra mirada | Arte en Asturias

Habitar con otra mirada

septiembre 19, 2013 Sin comentarios »
Habitar con otra mirada

:: á. a. rodríguez

«No vemos lo que está afuera sino nuestra propia mirada de las afueras, que no es lo mismo, pues no hay mirada sin ida y vuelta y, en consecuencia, sin la propia proyección y la posterior construcción que acomoda lo perceptivo a lo que somos: a cómo somos. El mundo exterior es, por ello, el pretexto para nuestras hipótesis de tiempo y forma: un gran asidero para sujetar nuestra conciencia de existir». Son las certeras palabras de Francisco Fresno, que desde ayer expone en Gema Llamazares una decena de pinturas en gran formato fruto de los analíticos trabajos sobre lienzo que viene realizando en los dos últimos años como hermosos cantos a la intimidad, el espacio y una naturaleza sutilmente transmutada por el paso de las horas.

Las obras, como es habitual en el artista asturiano, atesoran una concienzuda recreación técnica, bebiendo de la historia del paisaje y las maneras impresionistas para tratar de superarlas jugando con las vibraciones lumínicas pero también con el tiempo, con depurados matices subjetivos y nuevas posibilidades del color, que Fresno desarrolla sobre la tela mediante analíticas reconstrucciones y ‘deconstrucciones’ de la imagen original, depurando, rasgando y restando pedazos de materia.

Más allá de cualquier arquetipo realista, la exposición es un reto para la mirada. «Los sucesos de nuestra percepción visual son como un taco de hojas que mantuviera su grueso mientras continuamente se va renovando al soltar unas hojas por su cara posterior y, a la vez, adhiriendo otras en su frente», escribe el pintor. «Surge y desaparece, generando de este modo una imagen densa y difusa, y convirtiendo así a quien mira en un particular centro dinámico del tiempo que va reconstruyendo su propia idea del mundo al ir aprehendiéndolo en tránsito». En efecto, las composiciones se desvelan en leves matices, obteniendo distintos efectos según el eje elegido para la mirada donde, una vez más, Fresno demuestra que su única frontera es la vitalidad. El pintor sabe que una explicación puede resultar bella, siempre que seamos plenamente conscientes de que la belleza no es la explicación, sino ese algo más impredecible capaz de superar la teoría o las prácticas. Así, Fresno evita marcarse límites, dando fondo y forma a su coherente trayectoria, que entiende el acto creativo como una consecuencia del creer, una forma de discurrir sobre las las pequeñas cosas y relacionarlas con lo cósmico. El ejercicio del arte como paradigma de libertad, porque «mantenerse creativo significa permanecer perdido de forma fértil». Perderse en los brazos del paisaje, como una suerte de ritual, avivando los colores y descubriéndose a uno mismo, habitando como siempre pero, quizás, de otra manera.


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