Los cauces emotivos | Arte en Asturias

Los cauces emotivos

enero 16, 2016 Sin comentarios »
Los cauces emotivos

:: ángel a. rodríguez

Javier Victorero presentó ayer ‘En la quietud’, su primera exposición individual en la sala Utopía Parkway, de Madrid

Javier Victorero (Oviedo, 1967) inauguró ayer su tercera exposición madrileña, la primera que hace en la galería Utopía Parkway, que en los últimos años se ha convertido en una importante referencia para el arte asturiano. Bajo el título ‘En la quietud’ el pintor presenta veinte obras recientes sobre tela en medio y gran formato que desvelan sus calidades plásticas, su dominio del color y su velada introspección ligada, pese a la apariencia abstracta, a sus vivencias personales. Algunas piezas formaron parte de la anterior exposición de Victorero (sala Amos Salvador, Logroño, 2014) pero más de la mitad son inéditas, destacando sobremanera las últimas series (‘Rescoldos’, ‘Patio y cauce’) y las nuevas aportaciones a ‘Casa para Nano’ y ‘Agua y ceniza’, entre otras.

Desde la humildad

Se mantiene en este nuevo proyecto de Victorero esa esencia geométrica que le permite estructurar delicadamente las composiciones, como herencia directa de una tradición bien entendida (Klee, Palazuelo) que el pintor depura una y otra vez bajo la mirada poética y la austeridad expresiva. Cada jornada, en su estudio gijonés, el juego se transforma en una aventura vital que evoluciona lentamente, bajo numerosas sesiones de taller, anhelando estos frutos maduros que retornan una y otra vez al principio de las cosas mimando cada lienzo con si fuese el último.

Hoy, los caminos ortogonales de ‘Patio y cauce’, entre matices amarillos y breves versos azulados, contrastan con el fuego magmático que habita los nuevos e inquietantes ‘Rescoldos’ de Victorero, enmarañados en ritmos verticales cuyo orden se altera conjugando infinitos matices para sugerir tiempos más convulsos, sin perder la armonía. Un temor a la soledad, a la ausencia; acaso un recuerdo doliente o un canto esperanzado que filtra la importancia de tener familia amistad o memoria.

Cada rincón de estas pinturas es un canto directo al ascetismo, sentido tributo al espíritu barroco de Velázquez y Zurbarán o al silencio que habita en Luis Fernández, ejes de series más antiguas como algunas de las ‘Vanitas’ que áun permanecen en la retina de Victorero, explorando lecturas y tradiciones para captar nuevos estímulos.

Rilke, en sus ‘Cartas a un joven poeta’ abogaba por un lento camino hacia el recogimiento interior basado en la humildad, en la consciencia de que no hay pena ni pobreza si el alma es verdaderamente creativa. Victorero asume esa idea del arte como impulso para la cristalización del sentimiento, clave para plasmar aquí y ahora esa voz propia que ha conseguido año tras año. Sus cielos son menos celestes que antes (‘Cielos de juguete’), pero siguen lejos de cualquier dogma decorativo. Su fidelidad a la historia y al entorno doméstico es permanente, pintando el corazón sin plantearse más logros que las lealtades. Pintura hermosa, comprometida y valiente, pureza de lujo para estos tiempos.


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