Luces del horizonte | Arte en Asturias

Luces del horizonte

enero 29, 2012 Sin comentarios »
Luces del horizonte

(Á.A.R.)

Hace cuarenta años Juan Manuel Puente fue uno de esos artistas entusiastas que, movido por el aislamiento que suponía vivir en la periferia del país, optó por alternar sus labores creativas con la gestión cultural. Así, con 36 años impulsó en Miengo (Cantabria) la sala de arte Robayera, que ya lleva 24 temporadas sorprendiendo a propios y extraños por la calidad y el prestigio de los artistas invitados. Con una media de seis propuestas anuales, por Miengo han pasado más de cien creadores nacionales y muchos grandes maestros. Las gestiones de Puente no han pasado inadvertidas en el circuito cultural español, donde Robayera es cita obligada para cualquier artista que se precie.

Ese trabajo de gestor redujo la actividad pictórica de Puente, pero la posibilidad de compartir diálogos con un gran número de creadores y los viajes constantes le permiten seguir explorando otras vías de su propia pintura, cuyos frutos más recientes se presentan la próxima semana en la galería Cornión, donde ya había mostrado sus trabajos en 2004.

El paisaje se mantiene como eje de las composiciones de Puente, que antaño exploraba la tierra, trasladando su esencia a las telas, y ahora investiga la luz y el horizonte mediante rasgados, matices, oxidaciones y colores generalmente fríos. Su obra reciente, según Rafael Fombellida, está dotada de una «profunda preocupación ontológica, por un aliento trascendente que desliza su campo reflexivo desde la cuestión de la naturaleza del ser, hasta el enfrentamiento del ser con la nada, aceptando o negando, según intervengan intuición o razón, ese cerco al natural deseo de eternidad ». Las referencias a la muerte o al paso del tiempo, se nutren aquí de fragmentos de horizontes más o menos cercanos, vibrando entre las nostalgias del romanticismo norteño y la mística del expresionismo abstracto, haciendo guiños tanto a Friedrich como a Rothko, y recordando también las pulsiones de otros pintores norteños (Galano, Victorero…) para homenajear a ese ‘menos es más’ miesiano con delicadezas, veladuras y muchas dosis de paciencia.

John Berger decía que la belleza de las pinturas no reside en su contenido sino en el espacio que son capaces de expresar, en esa luz mágica que persiste antes y después de nacer la obra. Así, Puente también defiende la capacidad del ser humano para ‘rezar’ al espacio, ese lugar ‘invisible’ que los pintores están siempre intentando descubir. Se aspira a la espiritualidad, lejos de cualquier debate figuración-abstracción. La necesidad de crear es la verdadera condición de lo real, el enigma de la propia existencia, porque no hay ‘dioses’ en la pintura, sino espacios para rezar, silencios que habitan la superficie y el interior de las cosas.


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