Marañas fotográficas | Arte en Asturias

Marañas fotográficas

junio 1, 2016 Sin comentarios »
Marañas fotográficas

:: ángel a. rodríguez

En Gijón, la galería Bea Villamarín presenta una amplia selección de obras recientes de Xurxo Gómez-Chao
En las últimas décadas las manifestaciones artísticas han intensificado su capacidad para generar nuevas realidades frente a la tendencia historicista de plasmar solo la veracidad. El proceso de recepción de imágenes se ha invertido, los espectadores son más activos y sus retinas cómplices para completar otras verdades cuyos significados (y significantes) tienen una especial intensidad en los artistas visuales. Xurxo Gómez-Chao (La Coruña, 1960) ha sabido integrarse en el amplio y luminoso espacio de la galería Bea Villamarín para llenarlo con sus ‘nuevas realidades’, a partir de imágenes digitales e instalaciones que intensifican las vibraciones de cada una de las piezas que presenta en Gijón, donde los temas históricos y mitológicos contrastan con la ironía y el carácter escenográfico del conjunto expuesto.
Llama la atención, en esa encrucijada, la capacidad de Gómez-Chao para aportar una belleza de guiños orientales que lee el espacio vacío delimitado entre el techo y las paredes para asumirlo como propio, tanto dentro como fuera del campo impreso;es una belleza atrapada por cierto decorativismo en las composiciones que, pese a ese voluntario abigarramiento, sale airosa porque se nutre de contención y de un debate ausencia-presencia que está poblado de imaginarios residuales. Así, entiende lo bello como lo escribió Tanizaki, o sea, no como una sustancia en sí, sino como un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de diferentes sustancias;un «juego sutil de modulaciones», según las certeras palabras del novelista japonés.
En ese baile de trampantojos visuales Gómez-Chao aprovecha objetos, elementos vegetales, hilos y marañas matéricas que se superponen a varias imágenes colgadas en galerías y museos para generar dos planos superpuestos y obligar al espectador a penetrar su curiosa dicotomía, operando un instante ajeno al tiempo pero hijo de un lugar concreto, entre el contraste cromático y la sintonía formal.
Gómez-Chao no es un fotógrafo sino un pintor que hace fotografías. Por eso, aprovecha las posibilidades de la cámara para transmutar la naturaleza en artificio, generando en su estudio un escenario donde nacerá la obra definitiva. Flores y ramas recogidas en el parque Santa Margarita de su ciudad natal le sirven de pretexto para esa acción ritual, un ‘work in progress’ iniciado en la calle, conjugado en el taller y maquillado durante la fase final de postproducción de las imágenes. De nuevo, pues, la exploración de significados y significantes (a menudo, sugeridos en los títulos), la reclamación de una actitud activa por parte del publico. Otra vez las ‘nuevas realidades’ como excusa más o menos banal para inventar paisajes más o menos enmarañados. De nuevo lo lúdico, tanto en el trabajo de campo como en esta amplia oferta expresiva de Gómez-Chao, sin duda, enemigo acérrimo de los aburrimientos propios o ajenos.


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