Naturaleza humilde | Arte en Asturias

Naturaleza humilde

febrero 14, 2015 Sin comentarios »
Naturaleza humilde

:: á. a. rodríguez

Suele decirse que el juicio estético no sólo depende de las obras objeto de estudio, sino también de sus preceptos morales propuestos porque lo artístico es, básicamente, una vía hacia la reflexión. En cualquier caso, no resulta fácil mantener un correcto equilibrio entre la calidad plástica y los logros mediáticos, entre la coherencia y los éxitos, entre la capacidad para impactar al público y la necesidad de mantener el tipo con el paso del tiempo.

Autodidacta, José Manuel Núñez Arias (Castropol, 1949) lleva cuarenta años trabajando duro y obteniendo galardones en los premios de pintura más prestigiosos del país (Caja Madrid, Caja de Extremadura, Premio Goya, Villa de Madrid, Guadalajara, Focus Abengoa, Salón de Otoño de Plasencia…) y ha sido, entre otras cosas, el primer asturiano en ganar el Premio BMW de Pintura (1998) con una obra excepcional. Muchas nueces y poco ruido, al contrario que otros. Así, la ética ha sido siempre una virtud crucial para este autor, comprometido con la experimentación, que se plantea dudas y, pese a los altibajos, se mantiene ocupado un día si y otro también en la soledad de su estudio de Lieres.

Ahora, Nuñez Arias presenta en Cornión cuarenta pinturas recientes, con formatos más pequeños de lo habitual. Sus problemas de espalda le han obligado a reducir el tamaño del soporte pero han incrementando el número de cuadros, que se fueron acumulando durante meses en su taller a la espera de exposición. Se trata de delicadas tablas uniformadas por la luz, bajo esa ‘Lírica atmosférica’ que da título a la muestra;horizontes y paisajes que resultan menos contundentes que antaño en su tratamiento textural pero mantienen intactas las cosmovisiones del autor. Donde antes se evocaban piedras, cuevas, naturalezas resquebrajadas y vibraciones, ahora fluyen ecos de mar, cortes y gestos acuáticos, reivindicando la humildad de la naturaleza. Se constata la fe de Nuñez Arias en la pintura evanescente, melódica y silenciosa, de veladuras constantes, superficies intimistas y cierto virtuosismo, patente en sus rasgados, oxidaciones y toques de carboncillo.

Decíamos hace años en estas mismas páginas que la progresión de Nuñez Arias se dirigía, especialmente, hacia la depuración matérica. Y aún continúa. «De aquellas etapas iniciales de gran fuerza formal, con introducción de materiales orgánicos, fuí quitando elementos y despojándome de formas, empastes, incisiones y líneas», dice. «Ahora priman las transparencias, apenas rascadas, con obras más espirituales que las anteriores». Advertimos, pues, esa constancia, una mirada que hoy se enfoca hacia los pequeños espacios y que desvela el sufrimiento del autor, bajo esa moral propia de quien desea entenderse con la materia y plasmar universos en la metáfora de un cuadro. Composiciones sencillas que resultan, ante todo, sinceras, traduciendo una sensibilidad a flor de piel que persigue la emoción por encima de otros intereses. La constancia al servicio de la autenticidad, frente a otras querencias mundanas.


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