Paisajes en acción | Arte en Asturias

Paisajes en acción

noviembre 28, 2013 Sin comentarios »
Paisajes en acción

:: á. a. rodríguez

Algunos pensadores contemporáneos, como Paul Virilio, plantean como filosofías de fondo la idea ilustrada del carácter emancipador de las técnicas, la amenaza de la velocidad, la instantaneidad, la ubicuidad y la inmediatez. Para el escritor francés, todas derivan en una actualidad social y cultural dominada por lo virtual y por un tiempo ‘globalizado’. Y en esa encrucijada habita también la obra de Javier Riera (Avilés, 1964), reivindicando la imagen directa sobre el paisaje y la vegetación, mientras registra con fotografías una experiencia íntima en la naturaleza.

La evolución de Riera, uno de los artistas españoles más comprometidos con la pintura y sus hibridaciones, se concentra ahora en las relaciones visuales entre geometría y naturaleza, como patentan las imágenes reunidas en la exposición individual que desde ayer ofrece la galería Gema Llamazares, en Gijón.

En las dos últimas décadas este asturiano residente en Madrid ha venido contando con el aprecio de la crítica especializada y ha obtenido importantes galardones, defendiendo el contraste entre naturaleza y abstracción lírica. Su trabajo pictórico ha evolucionado recientemente hacia otros proyectos ‘site specific’, intervenciones temporales en espacios públicos, como la que realizó en los Jardines del Turia de Valencia, donde once proyecciones de luz permanecieron instaladas dos meses. Ahora, en ese afán por plantear convivencias del espacio y el tiempo sobre el entorno natural, la obra de Riera se debate entre esa virtualidad amenazada por lo instantáneo y la pureza plástica. Sus intervenciones nos remiten a los viejos presupuestos del arte de la tierra o ‘land-art’, inteligentemente redefinido e interpretado en sus propuestas virtuales.

Lo absoluto

Ya en sus primeras exposiciones pictóricas, hace casi veinte años, Riera manifestaba su apego a las referencias paisajísticas mediante transformaciones poéticas sobre fondos austeros, de ambiente intenso, que armonizaban espontaneidad y rigor. Alternaba entonces la sobriedad y la violencia, con pinturas protagonizadas por grandes manchas que atendían a lo aéreo, lo efímero, y se vinculaban a su razonada «búsqueda de lo absoluto». Después, poco a poco, las piezas de Riera incorporaron nuevas reflexiones sobre la vigencia de la impronta romántica y la «contaminación», bajo una sólida concepción pictórica cuya utopía máxima era equilibrar lo subjetivo y lo objetivo. Lo geométrico se apoderó de sus naturalezas, como también demostró en 2008 en el Museo Reina Sofía o hace tres años, en su excelente instalación para la Capilla de la Trinidad, del Museo Barjola. Sus últimas fotografías confluyen en miradas centrífugas, luces y combinaciones formales de elementos microscópicos, como representación de un nuevo cosmos, en la convergencia de esas energías universales que merece la pena contemplar.


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