Pasión sin arquetipos | Arte en Asturias

Pasión sin arquetipos

noviembre 3, 2014 Sin comentarios »
Pasión sin arquetipos

:: á. a. rodríguez

Cada exposición de Ernesto Knörr (Vitoria, 1957) es un homenaje a la renovación, entre la lucidez que aporta la veteranía y el juego desbordante de sus calidades plásticas. La muestra que inauguró ayer la galería gijonesa Cornión es, de nuevo, un tributo a la historia y repleta de guiños simbólicos, con su pasión por el trabajo sobre metal y la incorporación de notas de color que trascienden la sobriedad de antaño.

La obra de Knörr, que en las dos últimas décadas ha mantenido periódicas colaboraciones con el circuito expositivo asturiano a través de esta sala y de sus aportaciones a la escultura pública, atesora búsquedas siempre renovadoras bajo su propia huella, manteniendo una distancia prudencial entre las nuevas generaciones y la disciplina del arte vasco que fluyó en los años setenta y ochenta, sin dejarse lastrar demasiado por las filosofías o las místicas ancladas en lo meramente ancestral.

Como señala Susana Iturrioz en el catálogo de la exposición gijonesa, el resultado de estas obras recientes de Knörr es simultáneamente vigoroso y adictivo, impulsado por ese renovador empleo de colores puros que se combinan con superficies tratadas al ácido y acero corten. Así, el artista presenta en Cornión diez piezas que incorporan nuevas vibraciones y mensajes más o menos ocultos, dispuestos de una manera inusual, como un canto revolucionario contra la cultura de usar y tirar, que impone una manera de pensar diseñada para alimentar las necesidades a corto plazo de la industria, la política, la sociedad y el éxito a corto plazo. Ese trasfondo conceptual que propone el artista, bajo una óptica que viene defendiendo en los últimos años, rechaza perder de vista las virtudes de las cosas duraderas, por ejemplo, el ‘buen arte’. Se trata, en fin, de seguir articulando respuestas e integrando significados estéticos y funcionales al contexto de trabajo para cargarlo de especificidad. Y hacerlo, si cabe, con un lenguaje abierto, capaz de releer las vanguardias históricas y sus raíces escultóricas manteniendo fructíferos diálogos con los nuevos volúmenes. Piezas contundentes, pero ligeras, casi volátiles, aunque enérgicas, que desvelan un eficaz planteamiento compositivo y un inflexible empeño constructivo, armonizando las tensiones entre continente y contenido y las relaciones, visibles o invisibles, esencialmente plásticas.

Bajo esa encrucijada Knörr lanza también un canto ecológico, un sentimiento de ‘reciclaje cotidiano’, como una red que atrapa experiencias de la memoria apartándose de la sociedad de consumo para no ser consumido. Imagen y silencio, rigor y fantasía, asumidos como ejes discursivos de este nuevo compendio de formas y vacíos. Sin dogmas ni arquetipos.


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