(Angel Antonio Rodríguez)
Es una pena que, en 2011, Asturias haya sonado más por sus batallas políticas que por sus dinámicas artísticas. La apertura de la programación expositiva del Centro Niemeyer y su clausura ocho meses después ha dejado muy mal sabor de boca entre los profesionales del arte, avergonzados por el espectáculo. Sospechoso comienzo y lamentable final para un espacio que (dicen) sigue abierto, y triste destino para la sufrida villa de Avilés que, a lo peor, hereda para 2012 dos programaciones paralelas: del Gobierno del Principado y de la Fundación Niemeyer. No hay mal que por bien no venga.
Es una pena que el Museo de Bellas Artes de Asturias siga sin rematar su imprescindible plan de ampliación, y que Laboral no haya presentado todavía una eficaz hoja de ruta. Una pena que en los grandes proyectos institucionales haya tanta disparidad de criterios y que algunos centros atesoren un ritmo de consumo poco recomendable en épocas de crisis mientras otros proyectos, pequeños e imprescindibles, se dirigen sin remedio a la miseria.
Es una pena que artistas y agentes artísticos asturianos se vean obligados a emigrar para que se reconozcan sus valías. Una pena que nuestras humildes galerias privadas se postulen como los mejores motores de todas sus energías. Una pena que los gestores culturales trabajen casi siempre por mero amor a un medio donde la honestidad brilla por su ausencia, y que el coleccionismo astur mire hacia otras latitudes porque desconoce la realidad de nuestro mercado. Una pena que nuestras administraciones locales y autonómicas se encierren día tras día en la patética observación de sus pretenciosos y casi siempre ignorantes ombligos, sin reclamar el asesoramiento de los verdaderos profesionales.
En cualquier caso, y con esperanza, feliz año nuevo.
«Todas las obras de arte deben empezar por el final» (Edgar Allan Poe)




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