Viajes fotográficos 2015 | Arte en Asturias

Viajes fotográficos 2015

julio 28, 2015 Sin comentarios »
Viajes fotográficos 2015

:: ángel a. rodríguez

La galería Cornión abrió ayer una colectiva de verano y, de paso, un nuevo ciclo expositivo que pretende mostrar al público lo mejor de la fotografía española en varias ediciones periódicas. Con el título ‘Viajes Fotográficos 2015’ la sala gijonesa comienza este peregrinaje hacia el arte de plasmar imágenes duraderas a partir de la acción de la luz, y lo hace mediante un guiño cómplice hacia varias generaciones asturianas que parte este verano de cuatro firmas tan conocidas como imprescindibles en el panorama fotográfico actual.

Abre la nómina el veterano José Ramón Cuervo-Arango (1947), cuyas fotografías ponen sinfonías casi musicales a la realidad con un vasto conocimiento de la disciplina y una capacidad inusual para convertir la naturaleza en poética. Siempre en blanco y negro y pequeño formato, sus obras traducen las casas en soledades, las barcas en espejos de luz y los bosques y valles en caminos de vida, depurando al máximo la composición mediante un trabajo lento, delicado y esencial.

La arquitectura como escenario de las relaciones humanas y el urbanismo son las claves de Carlos Casariego (1952) que analiza los misterios inherentes a las viejas y nuevas ciudades con filtros que no buscan evidencias, sino purezas. Sus fotografías son nuevos espacios que generan relaciones percibiendo la urbe como un ente capaz de atesorar cualidades visibles e invisibles, entre alegorías de instantes múltiples, con lecturas tremendamente subjetivas.

Los trabajos de José Ferrero (1959) suelen recurrir a la fragmentación, alternando recursos conceptuales y visuales para situarse allí donde el acto fotográfico implica una apropiación mutua entre el artista y el público. Sus instrumentos metodológicos cobran nuevos sentidos desde una elaboración eficaz y comprometida, que reivindica lo inadvertible nutriéndose de acotaciones, neutralidades y perspectivas bajo un saludable compromiso ético donde trata de ir un poco más allá de lo real para, sin salirse de la verdad, recrear otras verdades posibles.

Las fotografías de Marcos Morilla (1963), colgadas en esta exposición a modo de instalación visual sobre las paredes de Cornión, renuevan ese romanticismo propio de los grandes clásicos con una mirada que el artista asturiano emplea como si fuese un diario, escribiendo sus reinterpretaciones tras las horas y largos paseos, casi metafísicos. Aquí no importa tanto el qué sino el cómo, con la experimentación como bandera; por eso la fase de realización es tan esencial como el resultado final en un Morilla que parece feliz transmutando la técnica en acción, con largas instantáneas y emotivas comuniones con un paisaje de gran riqueza plástica, casi siempre crepuscular, alejados de cualquier dogma. Una colectiva hermosa, que merece la pena contemplar.


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